Las vacilaciones de Iván Candeo

por Valentín Roma

«Existe un punto de llegada, pero ningún camino; aquello que llamamos camino no es más que nuestra vacilación».

Franz Kafka

De las cinco versiones que Kazimir Malévich hizo, desde 1915 hasta 1932, del Cuadrado negro, quizás la más célebre no sea ninguna de las que se enseñan en los principales museos rusos, tampoco aquella considerada perdida, sino esa que aparece en un documento fotográfico sobre la muestra 0,10. Última exposición futurista, comisariada por Ivan Puni -quien también se hacía llamar, a la francesa, Jean Pougny- en la Oficina de Arte Dobychina de la antigua Petrogrado, entre el 19 de diciembre de 1915 y el 17 de enero de 1916.

Paradójicamente, otro artista de nombre soviético, el venezolano Iván Candeo, regresa a dicha imagen anónima pocos días después del 110 aniversario de la clausura de la famosa exhibición que consagró al suprematismo. Vuelve al enigmático cuadro que ocupaba el ángulo superior de la habitación donde Malévich dispuso sus treinta y nueve piezas, aunque la foto sólo reproduce veintiuna. El público de la época quedó perplejo ante aquellos óleos abstractos e incomprensibles, se escandalizó porque el artista había colgado el lienzo de mayor en la denominada «esquina de honor» [красный угол], el lugar de las casas de los creyentes en el que la tradición ortodoxa rusa dice que deben ubicarse a los iconos.

Iván Candeo – Malévich transparente (fotografía 35 mm), 2025.

Candeo proporciona un carácter tridimensional a esta fotografía que forma parte de la historia del arte y del display, la transforma en maqueta acaso siguiendo al propio Malévich, quien unos años más tarde, en 1920, abandonó la pintura para centrarse en la confección de dibujos arquitectónicos, planiteis, y de unos fascinantes modelos volumétricos a los que llamaba arquitectones.

Cualquier maqueta es un dispositivo de representación que permite visualizar proyectos aún no ejecutados, sin embargo, Candeo utiliza este medio en sentido opuesto: a través de él reconstruye un evento que ya ocurrió, incluso «traduce» a otro código lo que la fotografía registraba en 1915, de ahí que la maqueta y la imagen sean de un idéntico blanco y negro.

Cuadrado negro sobre fondo blanco se considera «el punto cero de la pintura», de hecho, Malévich solía escribir, en los bordes blancos de algunas versiones, la frase et sic in infinitum [de aquí al infinito]. La misma exposición 0,10 alude a un momento de destrucción del viejo mundo, al cero o a la tabula rasa que señala toda nueva cronología. El diez indicaba el número de artistas seleccionados, aunque finalmente fueron catorce los participantes, otro ejemplo de hasta dónde son laxos ciertos designios curatoriales.

Iván Candeo – Malévich transparente (fotografía 35 mm), 2025.

El poder simbólico de los números y sus maneras de soslayar una obra que, desde la primera exhibición pública, ha irritado y fascinado por igual a neófitos o especialistas. En 1993, el gran historiador del arte Ángel González García dictó una conferencia magistral titulada «El enigma del cuadrado negro», a propósito de la muestra que la Fundación March dedicó a Kazimir Malévich[1]. En esta charla, de escucha obligatoria, ahonda en lo que considera «la secta supremática» y en los posibles no significados del celebérrimo lienzo que puede entenderse como una ventana al vacío, una bandera o un corredor hacia lo insondable.

Candeo ha fotografiado la maqueta desde diferentes ángulos y tipos de plano, escaneando los negativos y conservando unos pequeños marcos de la película analógica en 35 milímetros. Las imágenes se han impreso a un tamaño que conserva la escala 1.1 del Cuadrado negro sobre fondo blanco respecto a la maqueta. En algunas de ellas se observa la mano del artista que sostiene la pequeña pieza y la coloca en su lugar, como un gesto de extrañamiento brechtiano o de anacronismo prospectivo.

Vista de sala FUGA Gallery. Fotografía: Judit Bou.

Junto a la instalación Malévich transparente (2025) se exhiben un conjunto de dibujos, Sin título (Angelus Novus) (2022-25), realizados con los ojos cerrados, de memoria, por así decirlo. El motivo que «aparece» en una inabarcable sucesión es la obra en tinta china, tiza y acuarela que Paul Klee llevó a cabo en 1920 y que remite a una leyenda originaria del Talmud. Walter Benjamin la utilizó para su conocida teoría del «Ángel de la historia», quien mira paralizado y con los ojos a punto de salirse de sus órbitas las ruinas pretéritas. 

Vista de sala FUGA Gallery. Fotografía: Judit Bou.

Desde entonces se han sucedido otras interpretaciones posibles a la benjamiana. Ariella Azoulay considera que las pupilas del ángel no manifiestan horror, sino que son estrábicas, presas de un cortocircuito ideológico; Michal Heiman aprecia del personaje su identidad sexual en tránsito, con un miembro puntiagudo y falda. Boris Groys incide sobre la parábola de una criatura que observa el porvenir y sólo ve promesas etéreas, aunque al echar la vista atrás también contempla ruinas, los desechos de esas mismas promesas. Por último, Giorgio Agamben analiza el dibujo de Klee como una alegoría del hombre moderno y del arte, los cuales, al intentar conciliar pasado y futuro en una temporalidad lineal, han renunciado a convertir la historia en mito, han preferido aceptar el conflicto antes que escoger la obstinación para moverse entre incertidumbres, entre vacilaciones, según señala el título de la muestra en la Galería Fuga.

Iván Candeo – Sin título (Angelus Novus), 2022-25.

Partiendo de las anteriores exégesis, Candeo incorpora tres elementos que en modo alguno deben considerarse menores. El primero tiene a ver con la recreación del ángel-vigía a ciegas, como si se negase ese carácter jerárquico de lo ocular que ha regido el análisis histórico en Occidente, como si ese ojo omnisciente que proporciona visiones, que vislumbra acontecimientos también pudiese «ser visto» a tientas. Por otra parte, la noción de serialidad, de automatismo casi psíquico, cobra aquí un aspecto exorcizante. El artista construye una suerte de partitura repetitiva, infinita, que desautoriza todos esos momentos estelares coleccionados por la Historia mayúscula, acaso señala los blind points, los atrases del tiempo que regresan una y otra vez hasta devenir epifanías. Si el primer gran narrador, Homero, era ciego, ¿por qué no dibujar al último despavorido histórico, tras la guerra que asoló Europa entre 1914 y 1918 bajando los párpados, sin alzar la vista hacia ningún lado? Finalmente, las transformaciones del dibujo de Klee en grafiti datan al ángel de un poder disruptivo, profanan su carácter sacramental, lo traen del más allá de lo sagrado al más acá de lo humano, restituyen su papel entre las cosas de este mundo.

Vista de sala FUGA Gallery. Fotografía: Judit Bou.
Vista de sala FUGA Gallery. Fotografía: Judit Bou.

Así, tanto la instalación Malevich transparente como los dibujos y fotografías de Sin título (Angelus Novus) parten de una serie de autores, instantes y obras que cuentan el tiempo en lo que éste posee de crepuscular, pero a la vez de revolucionario, dentro de un mundo que se comprende terrible, aunque tampoco vislumbra alternativas que no impliquen empezar todo de nuevo, mediante inicios indescifrables y de algún modo trágicos. En este sentido, antes que un ejercicio de arqueología artística o política, Iván Candeo lleva a cabo una prospección de nuestra actual tesitura, tal vez una invitación a (re)pensarnos o a (per)seguirnos mediante otros lastres.

Iván Candeo – Angelus Novus´s tags, (2022-26).

Iván Candeo – Angelus Novus´s tags, (2022-26).

La exposición Vacilaciones. Estados de Visibilidad estará abierta en FUGA Gallery @fuga.gallery hasta 07 de marzo de 2026.

Más información: info@fuga.gallery

[1] https://canal.march.es/es/coleccion/enigma-cuadrado-negro-inauguracion-exposicion-malevich-20370


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