Por Natalia Sosa Molina
¿Qué nos obliga a hacer la piel cuando se encuentra en el umbral de un baile que no le pertenece, pero que reconoce como su único refugio? Quizás la pregunta no sea qué es el carnaval, sino cómo la piel se vuelve archivo y el cuerpo estrategia de fuga. Bajo la curaduría de Natalia Sosa Molina, la exposición “Carnaval: De carne y de baile” se presenta no como una conclusión, sino como el sedimento todavía caliente de una fricción afectiva que no busca fijar la identidad en una raíz que asfixia, sino celebrarla en el temblor del encuentro.
Inaugurando el 22 de enero de 2025 en Tomás Redrado Art, la muestra cristaliza la convivencia de treinta días entre Wiki Pirela (Venezuela) y Novíssimo Edgar (Brasil). En este territorio de José Ignacio, los artistas han levantado una arquitectura blanda que se sitúa en las antípodas de la transparencia algorítmica y la frialdad digital. Aquí, el arte textil contemporáneo recupera su potencia política: las piezas han sido construidas sin el uso de máquinas, devolviendo al primer plano el trabajo manual y el gesto artesanal como una forma de pensamiento situado. Es el tiempo del hacer, la repetición del nudo y el contacto directo con la materia lo que deviene lenguaje, expandiendo la relación entre obra, espacio y presencia física.

En este “todo-mundo” que es el carnaval, la tela no aparece como superficie decorativa, sino como un elemento elemental —tierra, fuego, agua y viento— que coreografía el recorrido. Las obras cuelgan, rodean y delimitan el espacio, obligando al espectador a una deriva corporal, a una errancia que conecta las orillas de Venezuela y Brasil con este Uruguay que los recibe con el latido del candombe. ¿Cómo se sostiene la alegría cuando el cuerpo recuerda el dolor? He ahí el misterio de toda la música y la poesía. Como algas brillantes que flotan y danzan entre mareas, estas piezas defienden el derecho a la opacidad(Glissant): el misterio de lo que no puede ser totalmente traducido ni consumido por la mirada ajena.

Wiki Pirela, desde su arqueología de los afectos, opera con la precisión de quien desmonta una trampa. A través de la instalación con cartón y el ensamblaje textil, Wiki desarticula la ficción del “Paraíso Caribe” —esa postal transparente que el mercado devora—. Su obra nos devuelve la densidad del ritual y la memoria de las comunidades de su territorio, revelando un claroscuro de domesticidad que resiste a través del fuego y la ceniza. En su trabajo, el Caribe es una zona de creolización constante donde la belleza, construida a mano, es siempre una forma de supervivencia.
Por su parte, Novíssimo Edgar activa un flujo ininterrumpido donde la música y la performance se hacen materia. Edgar no fabrica objetos; invoca “prótesis” para una corporalidad expandida que ya ha viajado al futuro y ha vuelto para recordarnos que el ritmo es la única brújula que no miente. Sus máscaras y artefactos, nacidos de un sincretismo radical entre futurismos indígenas y ritualidades afrobrasileñas, transforman el residuo urbano en portal alquímico. Aquí, la máscara no oculta: otorga soberanía frente a la mirada que siempre nos quiere legibles.
Juntos, construyen un pensamiento archipelágico donde cada obra es una isla conectada por el agua de una memoria común que se niega a ser domesticada. “Carnaval: De carne y de baile” es una invitación a habitar la inestabilidad. Es el momento en que la música y la poesía sostienen la alegría a pesar del dolor, transformando la herida en sudor colectivo. Este jueves, la carne se hará baile y el baile será el único lenguaje capaz de posponer el fin del mundo, recordándonos que nuestra soberanía reside, tercamente, en el movimiento y en el abrazo de lo imprevisible.

Diario curatorial de una residencia (Uruguay, 2026)
Natalia Sosa Molina
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Trabajar con Wiki Pirela y Novíssimo Edgar no ha sido organizar una exposición: ha sido, más bien, habitar un callejón; un callejón en el sentido que proponen Sandra Ruiz e Hypatia Vourloumis, es decir, ese punto de encuentro planetario, oculto y marginal, donde los procesos de pensamiento no se imponen, sino que emergen de una correspondencia mutua, de una vibración que se reconoce antes de ser nombrada. Durante estos treinta días de convivencia, mi tarea no fue “curar” en el sentido tradicional de higienizar o dar orden, sino asistir a la formación de una infraestructura efímera pero persistente de amistad y estudio.
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¿En qué condición se encuentra nuestra condición? Esa pregunta fue el pulso de cada jornada. Al observar a Wiki y a Edgar, entendí que el carnaval que estaban gestando no era una pausa festiva, sino una ontología del ritmo y una estrategia de fuga. Lo que aquí se presenta a modo de anotaciones es el sedimento de una fricción afectiva que se niega a ser capturada por la transparencia algorítmica de nuestro tiempo. Es una respuesta táctil y sudorosa a la frialdad digital.
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Hay mañanas donde salimos a caminar sobre la arena de la playa. La presencia de animales muertos rompe el idilio. La belleza no es la ausencia de la muerte, sino su integración en el ritmo. Caminamos por la orilla y la sal nos dicta una nueva gramática: lo que se pudre también alimenta la marea y las imágenes que queremos crear.
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No me gusta el estado actual del mundo. Destrucción y guerras. He visto a Wiki y a Edgar trabajar con la convicción de que el mundo cambiará con ellos, no como una promesa mesiánica, sino como un ejercicio físico de cambiar la palabra y su lugar en el mundo. Su presencia no pide permiso para estar, porque el espacio no es algo que se otorga, sino algo que se colma y que siempre fue plural, aunque nos hayan educado para olvidarlo. Partimos de la convicción de que la unidad —el número entero, el sujeto soberano— es un recorte violento, una amputación de la gracia que solo emerge en la sensualidad del fragmento. Siento que no estamos aquí para participar de una estructura, sino para dejar que el roce nos deshaga, entendiendo que la verdad no se posee, sino que se baila en la curva de lo que todavía no tiene nombre.
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Habitar la multiplicidad es entender que no hay un “afuera”. No hay un centro irradiador y una periferia exotizada; al abrazar la negritud como idiolecto y la feminidad como lenguaje, ellos trazan un camino muy personal. Aquí, la otredad no es algo que se busca o se presenta: se habita como un multiverso donde la externalidad encaja dentro del mismo espacio-tiempo. La unidad del ser humano específico es una ficción que nos niega el futuro; la percepción de lo múltiple es lo único que nos devuelve la verdad de estar vivos.
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A las dos de la tarde, la mesa se vuelve nuestro centro de gravedad. Cocinar y compartir el almuerzo es el punto de encuentro y también un entrañable acto político que hemos ensayado este mes. Etimología de compañero: el que comparte el pan. No hay diferencia entre el hilo que Wiki anuda y el arroz que compartimos; ambos sostienen el mundo.
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El océano es uno de los espacios donde lo rígido no tiene un lugar preponderante.
Estar cerca del mar no es solo paisaje, es conexión molecular.
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A veces creo que las palabras no son suficientes, pero es todo lo que tenemos. Wiki rasga el cartón y el sonido es un adjetivo. Edgar anuda una tela y el nudo es un verbo. Estamos escribiendo un libro que no se lee con los ojos, sino con la piel. La materia tiene una inteligencia inherente, como el pulpo creado por Edgar: ocho brazos trabajando al mismo tiempo, sin jerarquías, puro movimiento expandido.
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Para Wiki, todo nace en el seno de la escritura. El libro de artista no es solo un objeto; es la estructura firme que sostiene la intuición cuando la acción se desborda. Es allí, en la página que se vuelve cuerpo, donde el imaginario condensa el sentido de toda la residencia. El libro es el origen y el refugio.
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El carnaval en esta parte del mundo es el nombre que le damos a la desobediencia de los cuerpos. No es un evento, es una fórmula de transformación, una licencia simbólica que permite que la carne deje de ser una herramienta de trabajo para convertirse en un territorio soberano. En América Latina, la fiesta ha sido siempre la trinchera; bailamos porque la memoria cimarrona nos enseñó que el ritmo es el único lugar donde el colonialismo no puede echar raíces. El carnaval es algunas veces el ensayo general de la emancipación.
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En este “todo-mundo” que es el carnaval, la tela no aparece como superficie decorativa, sino como un elemento principal—tierra, fuego, agua y viento— que coreografía el recorrido, una arquitectura blanda. Sin el uso de máquinas, el tiempo del hacer se ha vuelto el lenguaje mismo. Las obras cuelgan, rodean y delimitan el espacio, invitando al espectador a una deriva corporal, a una errancia que conecta las orillas de Venezuela y Brasil con este Uruguay que los recibe con el latido del candombe. ¿Cómo se sostiene la alegría cuando el cuerpo recuerda el dolor? Como algas brillantes que flotan y danzan entre mareas, estas piezas defienden el derecho a la opacidad (Glissant): el misterio de lo que no puede ser totalmente traducido ni consumido por la mirada ajena.
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¿Ser nido o hacer nido? Acaso una de las dicotomías del carnaval; momento tangible donde lo que somos se encuentra con lo que hacemos. El disfraz no oculta la identidad, la transforma en una herramienta para armar hogar en medio de la fiesta.
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Trabajar juntos bajo el concepto de carnaval ha sido presenciar un epistolario experimental. Wiki desde la instalación y el ensamblaje. Edgar desde el residuo y la prótesis; ambos se han estado “escribiendo” cartas materiales, haciendo más suaves y dúctiles las infraestructuras que regulan cómo debemos ser y cómo debemos producir.
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Trabajar con Wiki Pirela fue aprender a desmontar una trampa con la delicadeza de quien desanuda un recuerdo. Su práctica se ha manifestado como una crítica bien articulada. La he visto transformar el cartón —darle un aire de belleza a esa materia paradójica del capitalismo— en un espacio para lo posible. A través del ensamblaje textil, Wiki desarticula la ficción del Paraíso Caribe para devolvernos la densidad del ritual. Su obra resiste a través del fuego y la ceniza. Wiki nos enseña que el amor es estudio; que dedicar horas a la repetición del punto es una forma de amor que desterritorializa la atención. Ella abraza su práctica como lenguaje. Develar las capas coloniales es un acto de autorreconocimiento. En la obra Mujer coral, donde aparece la nana de José Ignacio que sostiene el mar a cuestas no lleva una carga, lleva una corona. Es el límite exacto entre el peso y el embellecimiento.
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Sobremutación: la capacidad de florecer incluso después del pisotón. Como la cucaracha que sobrevive a la bomba, lo humano tiene esa potencia de cambiar de fase. El villano tiene mucha más sustancia que el héroe. Wiki recupera la figura del “Diablito” para dignificar las corporalidades que históricamente fueron despojadas de alma. Reinterpretar la sombra es una de las formas de iluminar el pasado.
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Por otro lado, Novíssimo Edgar no fabrica objetos, invoca prótesis para una corporalidad que ya ha viajado al futuro y ha vuelto para decirnos que el ritmo es la única brújula que no miente. Sus máscaras son portales nacidos de la urgencia de mantener la vida frente a la muerte social. Edgar utiliza el desecho para construir herramientas autonómas, recordándonos las temporalidades rítmicas de la emancipación de las que hablan Harney y Moten.
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Su estética es la del camuflaje eléctrico: una desorientación que no oculta, sino que distrae al enemigo a través del exceso. Edgar es como el pulso del pulpo, con sus ocho brazos trabajando en cine, música y moda simultáneamente; una sensibilidad que se despliega en múltiples direcciones en simultáneo.
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Uruguay nos devuelve un mix de tristeza con belleza. Pueblo Garzón aparece como una escenografía vibrante, un escenario cinematográfico cargado de matices. Pero en la costa de Maldonado, la soledad de la playa se rompe con la “naturaleza muerta”: lobos marinos y pingüinos que aparecen muertos en nuestros sueños. Es esa tensión entre lo idílico del mar y la realidad de la muerte lo que alimenta la creación. La víbora coral cambia de piel; el ciclo de la vida y el renacimiento acecha en cada duna.
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Siguiendo el rastro de las aguas, la música entiende que lo que vibra y el mar son la misma herramienta de articulación política. No son solo sonidos; son paisajes sonoros que permiten la formación de comunidades de resistencia. En el baile el cuerpo no busca la soberanía individual, sino que se entrega a una socialidad radical. Es lo que Fred Moten llama: una vibración que difumina los bordes del sujeto para convertirlo en una frecuencia colectiva.
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El carnaval nos hace reencontrar con lo que se mueve en medio de la parálisis institucional. Es una manifestación para ocupar la crisis, una defensa radical de la autonomía de los cuerpos racializados y feminizados que se niegan a ser “estables”. El baile no es una pausa en la lucha; es la lucha misma modulada en una curva sensual y violenta.
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El carnaval latinoamericano es un pensamiento decolonial en movimiento. Es la superposición de máscaras que no esconden, sino que revelan la multiplicidad de quienes somos. En el baile, la potencia del cuerpo deja de ser una propiedad privada para volverse un recurso común; el “yo” se diluye en una coreografía de la presencia que es, ante todo, comunitaria. Es la economía del exceso —el gasto puro de energía, el sudor compartido, el desborde de los sentidos— frente a la ética de la acumulación capitalista que nos quiere aislados, compartimentados y productivos.
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Lo que ha sucedido en esta convivencia es lo que Stefano Harney y Fred Moten definen como el Undercommons: un estar juntos en el quiebre, un estudio colectivo de la mezquindad del presente. Carna Val es el resultado de esa socialidad radical. Se trata de una experimentación con los afectos. ¿Cómo se sostiene la alegría cuando el cuerpo recuerda el dolor? He ahí el misterio de esta melancolía vibrante. La carne se hace baile para recordarnos que nuestra verdadera potencia no reside en ser comprendidos, sino en nuestra capacidad de conspirar en los callejones.
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Me interesa que la carne se haga baile, la infinitud sensual. Querer habitar el callejón, dejarse desorientar por el ritmo y a celebrar que la belleza es desde hace mucho tiempo una forma de supervivencia.
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Este encuentro abre un espacio-tiempo de relación no extractiva. Es la invitación a habitar un punto donde el baile es el único lenguaje capaz de posponer el fin del mundo. Al final, trabajar con ellos me ha recordado que el pensamiento deambula y florece en su divagación, y que lo más político que podemos hacer hoy es sostenernos los unos a los otros en el movimiento imprevisible de un abrazo que se vuelve mundo.

Wiki Pirela
Es Licenciada en Artes Plásticas por UNEARTE y cuenta con un Diploma en Extensión de Artes Visuales de la Universidad de Chile. Su práctica indaga en los espacios domésticos a través del ensamblaje, la instalación y las intervenciones espaciales, trabajando con materiales cargados de memoria —cartón, telas encontradas, maderas y objetos recolectados— para construir narrativas sensibles, afectivas y a la vez provocadoras.
Ganadora del Gallery Weekend 2022 por Animal Doméstico, ha expuesto en Chile y en el MACBA Buenos Aires. Como integrante de Artistas Yungay, impulsa el arte comunitario mediante talleres y programas educativos en Balmaceda Arte Joven, Matucana 100, Corpartes y Centex Valparaíso.
Su investigación nace en el espacio íntimo de su hogar en el cerro de Caracas, donde la poesía se vuelve una forma de resistencia frente a la violencia cotidiana: una suerte de guerra doméstica persistente. Hoy, aquella casa —núcleo de su universo visual— ha migrado de país, abriendo nuevas capas de lectura en torno a la migración, los contextos marginados y el cuerpo como territorio que habla.
La artista trabaja desde una lógica de preguntas abiertas, consciente de que muchas no buscan una resolución definitiva. La autobiografía adquiere un peso singular cuando se inscribe en lugares invisibilizados o regulados por agentes externos. Allí se despliega un debate íntimo que registra en una bitácora visual, entrelazando escritura, geografía doméstica y espacio social para tensionar sus vínculos, fricciones y posibilidades.
Novíssimo Edgar
N. Guarulhos, São Paulo, 1993. Vive y trabaja en São Paulo y Río de Janeiro.
Edgar es poeta, artista visual y performer, un creador compulsivo cuya obra desborda autenticidad y libertad, abarcando múltiples técnicas e investigaciones sobre metalenguajes y transmedia. Su interés por las artes comenzó en la infancia, cuando su madre, Maria, lo incentivó a realizar esculturas, dibujos y pinturas sobre azulejos. Trabaja con todo tipo de materiales ancestrales y tecnológicos, crea pinturas, instalaciones, performances, dibujos, compone música, inventa juegos de cartas, escribe libros, produce películas, videojuegos y NFTs.
Su producción artística tiene dimensiones rituales e incluye temas actuales como la violencia y el contexto político brasileño; en algunas obras aborda el sincretismo religioso combinando influencias de la cultura yorubá con técnicas de numerología rusa. El futurismo indígena y la diáspora negra forman parte de su repertorio de investigación y experiencias, a través del universo de la ficción especulativa y el cortocircuito del tiempo narrativo, generando una inmersión en un universo específico e indomable.
Además de su colaboración con Elza Soares, Edgar ha trabajado con João Donato, Céu y Baiana System, ha ganado dos premios como mejor artista revelación en 2018 (otorgados por SIM y por APCA) y recibió el premio Zumbi dos Palmares en São Paulo por su aporte a la lucha antirracista; recientemente, fue autor de la dirección narrativa y la banda sonora de un videojuego y un largometraje de la directora danesa Sissel Morell Dargis.
En asociación la galería A Gentil Carioca.
Natalia Sosa Molina
Artista, productora y curadora argentina. Su práctica se sitúa en la intersección entre arte contemporáneo, pedagogías experimentales, tecnologías sensibles y procesos comunitarios, explorando relaciones críticas entre identidad, naturaleza, paisaje y territorio desde una perspectiva socio-política y afectiva.
Desde 2021 integra el colectivo de crítica y plataforma pedagógica RESET de Fundación Proa (Buenos Aires), donde desarrolla metodologías curatoriales site-specific basadas en la colectividad, la escucha expandida y el proceso. Desde julio de 2024 se desempeña como curadora at large de la galería Tomás Redrado Art, acompañando procesos curatoriales, así como la incorporación de nuevos artistas.
Es curadora de los ciclos Montes no Visibles, Resistencias Rítmicas y 1 Ahora fuera del tiempo en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), enfocados en prácticas jóvenes latinoamericanas, arte sonoro y performance. Participó como curadora residente en PIVÔ (São Paulo, Brasil, 2023) y Felipa Manuela (Madrid, España, 2021), donde desarrolló programas curatoriales y pedagógicos en diálogo con contextos locales.
Su trabajo curatorial concibe la exhibición como una práctica relacional que excede el formato expositivo, activándose como espacio de encuentro, investigación colectiva y producción de conocimiento situado. Es egresada de la Universidad de Buenos Aires, con formación en Licenciatura Textil; estudió Ciencias Políticas en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y Performance y Creación Interdisciplinaria en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Escribe y publica regularmente sobre arte contemporáneo en revistas y plataformas internacionales como Piscina (Brasil), Artishock (Chile), Tramontana (España) y Global Art Daily (Japón). En 2022 recibió el Premio de Ecopoesía del Cono Sur, con el apoyo de la Fundación Ford y la Latin American Studies Association.
Desde 2023 desarrolla el proyecto Cartografía de sueños (Dream Cartography), una serie de laboratorios colectivos en distintos territorios y contextos rurales que investigan el sueño como archivo simbólico, tecnología ancestral de anticipación y herramienta poética frente a crisis ecológicas y sociales. Estos procesos derivan en archivos sonoros, composiciones colectivas, relatos especulativos y experiencias performativas, priorizando la calidad del encuentro por sobre la formalidad del resultado.
Tomás Redrado Art (TRA) está comprometido a promover la valoración y el reconocimiento del arte contemporáneo a través de una estética dinámica e históricamente arraigada. Desde su fundación en 2022, la galería ha trabajado en construir una comunidad artística pujante, representando a artistas emergentes y de mediana carrera de América Latina, con obras que exploran los límites de la forma, la textura y la materialidad. A través de un trabajo sostenido y dedicado con lo contemporáneo, TRA se propone el establecimiento de sus producciones artísticas en el circuito internacional.
TRA desafía las perspectivas convencionales y fomenta la exploración de formas de arte innovadoras, priorizando la autonomía creativa del artista y promoviendo un entorno donde romper las normas e interactuar de forma cercana con el público.
Con sede en Miami y Arenas José Ignacio, programación temporal en Buenos Aires y una futura nueva sucursal en dicha ciudad, TRA busca dialogar entre las escenas artísticas locales e internacionales a través de un intercambio significativo que reafirma su compromiso de conectar la riqueza cultural de la región con el escenario global, generando un impacto que trascienda fronteras, a partir de un programa situado pero en movimiento y en diálogo constante.
En 2025, TRA consolida esta visión participando en cinco ferias internacionales claves — arteBA, ArtBo, BA Photo, Paris Photo y NADA Miami—, ampliando así las oportunidades de visibilidad y coleccionismo para sus artistas, y fortaleciendo su presencia dentro del circuito contemporáneo global.
Texto e imágenes cortesía de Natalia Sosa Molina


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