Un territorio que poco a poco fue tomando forma según las fallas geográficas otorgadas por la naturaleza y el descontrol caprichoso de ciertos afamados urbanistas que solo vieron en su construcción una oportunidad para poner en practica sus anotaciones postales de lo que fue su primer viaje a Paris. Una ciudad fabula, narrada con cierta benevolencia por sus cronistas seguramente obesos por tanta grasa y aceite petrolero, nunca sabremos si lo que se ha dicho de ella es verdad o simplemente es una crónica fabulada, escrita por un ebrio en estado de alucinación etílica, una ciudad con defectos de fábrica, sin garantía, contaminada como toda capital de ese sentimiento de soberbia que la separa de sus otras ciudades hermanas de las cuales reniega y lucha incansablemente por diferenciarse, irónicamente aislándose mediante sus grandes avenidas colapsadas, sus grandes edificios modernistas que, pareciera fueron construidos para ser convertidos casi inmediatamente en ruinas; una gran costra de cemento sobrepuesta a los sebucanes, a los sembradíos de cafetales de lo que antiguamente fue una gran hacienda. Una ciudad que no tiene dolientes , solo transeúntes que se desplazan y la observan desde una ventanilla blindada por el miedo y la desconfianza, una ciudad que desde su infancia fue maltratada y doblegada por ideas ilustradas en traducciones fallidas venidas del extranjero. Hacemos alarde de esa modernidad construida por maestros de obra según las pautas signadas por unas cuantas estructuras “emblemáticas” construidas por los interlocutores de esa idea de progreso signada por la horrible destrucción de una segunda guerra mundial que no fue nuestra, precedida por un brutalismo literal que desconfiguró su idea primigenia reticular que en un principio servía para conectar la finca del terrateniente con la carnicería o la pulpería mas cercana. Así me gusta Caracas, como un accidente que nunca podrá ser evitado, una ciudad hostil que te pone a la defensiva, que te enseña a caminar de otra manera, una ciudad amanerada por lo grotesco, una ciudad ciega que intenta salvarse mirando hacia el Norte, hacia la montaña que arbitrariamente fue puesta allí para separarnos del mar.
Daniel Medina, 2012
Imagen: De la serie postales de Daniel Medina (1978-2022)


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