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“Pantone 19 – 0512 TC” exposición individual de Luis Arroyo en Al Borde_Maracaibo

Inauguración domingo 1 de septiembre de 2013

2:00 pm

AL BORDE

Av2B #85-22 Sec. Banco Mara, 58 Maracaibo

 

PANTONE 19 – 0512 TC. Por Erik Del Búfalo

A menudo, el mejor escondite de la verdad es lo obvio. Tanto es así que los antiguos griegos entendían por verdad aquello que dejaba por momentos de ocultarse.  Para ellos, el arte consistía fundamentalmente en hacer aparecer una verdad, es decir, un sentido, un significado, en las cosas que se manifestaban en el mundo sin ayuda de los hombres y en tanto tales eran visibles aunque impensadas, patentes pero ininteligibles, presentes a los ojos pero ausentes de la observación. Sólo se ve algo plenamente cuando se ve su verdad. Aquí nos encontramos ante esta situación de una manera muy especial, pues en apariencia todo parecería estar “expuesto”, arrojado a la exterioridad de la transparencia del sentido, a la obviedad del asunto exhibido. No obstante, este trabajo sólo expone, muestra, testifica, no con el simple fin de hacer ver sino con el propósito de desocultar lo ya visto o, dicho de otro modo, con el propósito de develar algo más hondo, más tectónico, más telúrico, más sísmico en la superficie insondable de lo evidente. Evidente porque evidenciar significa en su origen salir de la vista y, por ello mismo, expresa también aquello que escapa a la tranquilidad de lo visto. Hacer algo evidente es ir al afuera mismo de lo que se ve.  En efecto, los signos del poder, al igual que los signos de su crítica, son visibles, pero, como si se tratase de una ironía, en ello reside la invisibilidad de su esencia, pues este poder logra objetivar sin volverse objeto, contiene sin ser contenido, señala sin mostrarse y clasifica sin estar en sí mismo definido. El poder es todo aquello que “ordena”, que produce un orden, incluso el orden de su crítica. Es como si el poder ya supiera de antemano de qué forma va a ser atacado.

De este modo, la literatura y la teoría del marginado o del subalterno, que aparecen soportadas y mantenidas en el color del uniforme militar (PANTONE 19 – 0512 TC, según el estándar de la industria) y cuya hegemonía se erige con supuestos fines libertarios, devela otra forma de aspiración del poder, quizás la más subterránea, la menos pensada. He aquí que se hace claro, más allá de las dialécticas y las oposiciones absolutas, que las teorías y los discursos críticos que insurgen contra las formas exteriores del poder, funcionan más, y a su pesar, para perfeccionar el despotismo que para desmontarlo, para mantenerlo más que para superarlo. Las carátulas de los libros trabajados, todos ellos íconos de la contracultura y testimonios de un pretendido no-poder, son el fundamento de una novedosa legitimidad de la autoridad totalizante del Estado, cuando no, de su autoritarismo.

En esta obra de Luís Arroyo se exterioriza, al igual que lo hace el sismógrafo que traduce en sentido humano el movimiento terrorífico del suelo, al nuevo poder presentándose y recreándose como la anhelada liberación o superación del otro, del viejo, del preconcebido. Lo evidente tiende a no pensarse y todo poder es evidente. La obviedad impensada del poder sustenta así su hegemonía del vacío,  Ese vacío tiene, no obstante, una topografía que, aunque sísmica, es siempre estable pues incluye en sí misma su negación. Toda forma que pretenda antagonizarlo sólo puede hacerlo bajo su lógica y por ello está perdida de antemano, en el sentido de que ese poder no se destruye sino perfeccionando sus límites, haciendo inmanente sus zonas grises, sus periferias, sus márgenes más exteriores, su exterior más marginal. Inevitablemente,  el marginado se vuelve un medio para el poder; el poder, el fin de toda subversión y el último anhelo del excluido. En definitiva, el verde oliva como soporte de la lucha de todos los colores.

Por ello, haciendo espejo de esta trampa sin salida, se manifiesta también un archivo destruido que conserva la nada de la cual no podemos huir, en tanto es justamente “nada”. Esta nada aprisionada –como  en una caja vacía– contiene las huellas de una destrucción que, sin embargo, funciona como un gran continente sin contenido y, por esta misma razón, se vuelve capaz de contenerlo todo. En “PANTONE 19 – 0512 TC” se trata de develar este problema oculto tras su obviedad, que el poder no es lo dicho ni lo registrado, sino lo que establece las pautas del decir, apoderándose de todo lo dicho –incluso en su contra– hasta el punto de volverse un archivo destruido, un archivo para siempre inaccesible.

Erik Del Bufalo.-

 

 

 

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Fuente: Al Borde

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