CLAP! Un paisaje idiosincrático de la complejidad y contradicción latinoamericana (I)

Por Manuel Vásquez-Ortega

 

El pasado 3 de Diciembre se celebró en la Fototeca de Buenos Aires la clausura de CLAP-FoLa, un evento dedicado al estudio, difusión y exposición del fotolibro como objeto de expresión reproducible; en él, fueron presentados 130 ejemplares latinoamericanos seleccionados por el equipo curatorial de Contemporary Latin American Photobook (CLAP!), una iniciativa editorial que busca registrar el panorama actual de la fotografía con especial énfasis en una faceta que resalta notoriamente en la palestra de la creación contemporánea: el fotolibro.

Los aplausos (más allá de la coincidente traducción al español de su título) se hacen necesarios ante la loable iniciativa de recopilar el pensamiento gráfico latinoamericano a través de imágenes que van más allá del encuadre tradicional. Así, el collage, el archivo, el montaje y el texto se convierten en un cuerpo estructurado por el venezolano Ricardo Báez a través de páginas que narran las historias de fotógrafos y artistas visuales unidos por su origen pleno de realismo fantástico.

“Los lenguajes tan expresivos de América Latina no son regulares ni fijos, flotan mucho y no siempre están en su lugar, se desgranan (…)”, afirma Báez, quien como diseñador gráfico del catálogo se aleja de los estereotipos de la iconografía latina para traducirlos en una composición dinámica, colorida, y hasta abrumadora como si de cotidianidad tropical se tratara. De igual manera, al ahondar en el contenido de las imágenes y sus historias y establecer nexos entre los planteamientos autorales, CLAP! nos permite esbozar un paisaje idiosincrático de la complejidad, diversidad y contradicción propia de nuestro subcontinente.

  CLAP! Imágenes cortesía: tipografiabaez.com/

 

Al hablar de paisaje en fotografía (entendido como territorio más que como terreno) se hace oportuno traer al tema una anécdota de Roland Barthes (1989), quien al ver una captura titulada “Alhambrada” de Charles Clifford expresa su deseo de habitar la imagen, hasta aseverar que la esencia de las fotografías de paisajes está en ser habitables más no visitables. Estos retratos ideales deben –según el mismo autor- generar a sus observadores la seguridad de haber estado en ellos o la necesidad de ir a ellos, mientras los compara con la tesis de Freud del cuerpo materno, sobre el cual afirma que “no hay ningún otro lugar del que se pueda decir con tanta certidumbre que se ha estado ya en él”.

Pero al observar los trabajos incluidos en CLAP! surgen una serie de preguntas ineludibles entorno a su comprensión: ¿es posible “habitar”, en términos de Barthes, las fotografías sin conocer qué hay en su trasfondo? ¿Se puede entender a Latinoamérica a través de imágenes, o son las mismas un motivo para hablar de lo que sucede en nuestros “paisajes”?

América Latina es un territorio de discursos en constante guerra y respuestas sin victoria en el que coexisten formas de vida antónimas, formas que según Briceño Guerrero (1996) “(…) no han calado profundamente; y así nos encontramos con un modo de vida colectivo esquizoide, a veces esquizofrénico, que por una parte presenta leyes e ideas de admirable concepción racional, y por la otra, una conducta social orientada por oscuros criterios clánicos y empresas de todo orden en las cuales predomina la afectividad sobre el intelecto y campea libremente la magia”.

Venezuela no escapa de esta condición ambigua de desarrollo, anclada a un continuo proceso de experimentación en el que los errores predominan sobre los aciertos, transformados por el arte en una serie infinita de planteamientos críticos y testimonios vividos de lo que aparentemente “somos” como nación, en los que en muchos casos la cámara fotográfica funge como herramienta del proceso investigativo y el fotolibro aparece como medio de difusión de sus imágenes. De estos testimonios, Diana Rangel y el mismo Ricardo Báez escogen una serie de autores para ser integrantes de CLAP!. Así, Edgar Moreno, Abraham Araujo & Gustavo Dao (aka Bestialo Culapsus), Ricardo Peña Bacalao, Beatriz Bellorín, Deborah Castillo, Carlos Germán Rojas, Carsten Todtmann, Juan Toro Diez, Luis Molina-Pantin, Paolo Gasparini, Mayra Martell, Rodrigo Benavides, Francisco Solórzano & Tom Grillo, Adriana Genel, Sara Maneiro, Javier Rodríguez y Amada Granado conforman la representación venezolana de creadores visuales que han encontrado en el fotolibro una forma de concreción de sus teorías, búsquedas y descubrimientos…

Desde siempre la ciudad se ha presentado como una proyección inmediata y recíproca de la sociedad que la habita; así los edificios, plazas y avenidas cuentan a través de sus formas y vacíos las dinámicas cotidianas de quienes diariamente le dan vida a los espacios. A partir de estas observaciones Paolo Gasparini construye -o reconstruye- en Karakarakas (Editorial Mal de ojo, 2014) sesenta años de historia en imágenes de una urbe perdida entre el caos de las políticas fallidas y el espectro de un progreso que parece nunca llegar. Así, la militarización, el poder y la jurisprudencia se vuelven temas tratados y retratados por Gasparini, quien desentraña en su archivo fotográfico las capturas de una ciudad violenta y violentada, víctima y victimaria de las promesas modernas y los proyectos “incluyentes” que no han logrado más que auténticos desengaños, en los que sin embargo, aún hay quien “espera, anhela y añora” en medio de la incertidumbre convertida en normalidad.

Paolo Gasparini. Karakarakas. Imágenes cortesía: tipografiabaez.com/

 

Asimismo con Caracas como territorio de exploración, la fotógrafa Sara Maneiro recoge en La Mirada Oblicua (2011) las imágenes de un recorrido confuso pero reconocible para quien ha transitado las multitudinarias calles de la capital, para quien se ha encontrado inmóvil en el tráfico de sus avenidas, o para quien se ha perdido en los laberínticos espacios de una ruina inacabada: Caracas, la ciudad en la que -en palabras de Lorena González- “todos miran. Todo pasa. Todo cambia y se desvanece (…)”. Diez años de observación se reúnen en las tres series fotográficas que conforman el fanzine: A través del espejo, Souvenirs (Cartografía en proceso) y Paisajes taxonómicos, en las que Maneiro crea microcosmos de un horizonte contradictorio, en perenne construcción o en inconclusión eterna, a través de retratos ambiguos, llenos de meditación como de espontaneidad, de serenidad y caos, de pasado y futuro.

  

  Sara Maneiro. De la serie: Souvenirs de Caracas (Cartografía en proceso). Imágenes cortesía: Archivo Fotografía Urbana.

 

Muchos lugares de Caracas se hallan en el espacio intersticial entre lo que fue y lo que será, relegados en un presente que le es ajeno y anclados a una indeterminación que obstaculiza su desenlace, bien sea trágico u optimista. La arquitectura de dichos lugares también se ubica en la incertidumbre, en algunos casos decretada Patrimonio Cultural para posteriormente ser sentenciada al olvido. En El Paraíso (Carmen Araujo Ediciones, 2014) Ricardo Peña Bacalao documenta los casos de edificios patrimoniales de la parroquia que titula al fotolibro, mientras encuadra con rigurosidad canónica los interiores de dichas edificaciones congeladas en el tiempo. Sin embargo, la inmutabilidad de las escenas le permite al autor reflexionar en aspectos intrínsecos en la fotografía generalmente desprovistos de protagonismo conceptual; en estas, el color, el claroscuro, el formato y la herramienta dialogan no solo como aspectos técnicos sino existenciales en sí mismos.

  

Ricardo Peña Bacalao. De la serie: Patrimonio Cultural. Imágenes cortesía: elfotovoyeur.blogspot.com.co

 

De vuelta a la violencia del afuera pero adentrado en otras oscuridades urbanas, Juan Toro Diez se vale de la pureza de un espacio aséptico para documentar a través de objetos el catálogo de una nación en crisis. Con Expedientes: Fragmentos de un país (Ediciones B. 2015), Toro reúne, clasifica y ordena el inventario de una tragedia a través de sus series Plomo, Sillas, Blíster, Llaves, Etiquetas y Fragmentos, valiéndose de una estética propia que logra descontextualizar a los objetos sin despojarlos de su impacto, mucho menos de su significado. Así el punctum advertido por Barthes se activa en las fotografías de Expedientes, en las que se proyectan una serie de valores procedentes del observador, quien ve imágenes sin narración que le permita identificar al occiso, presentado como víctima anónima de un homicida desconocido. Pero además de las balas, Juan Toro encuentra otras formas de agresión de una obviedad menos notoria pero de igual relevancia: la deserción, la ruina, el abandono y la carencia aparecen también como maneras de actuación necropolítica, lógica perversa que impone la muerte como instrumento de dominación implantada en Venezuela en los últimos años.

 

De la serie “Plomo”. Juan Toro Diez. Imágenes cortesía del autor

 

Rancière (2010) nos advierte que “una imagen nunca viene sola”, junto a ella una carga infinita mas no ilimitada de significados la acompaña para desentrañar el contenido de cada captura. Así, en los ejemplares de CLAP! observamos más que libros de fotografías, sino evidencias vividas de la tropicalización de un apocalipsis al que decidimos llamar hogar…

 

Manuel Vásquez Ortega, Diciembre 2017

 

Referencias bibliográficas:

  • BARTHES, R. La Cámara Lúcida (1989). Ed. Paidós Ibérica SA. Barcelona, España.
  • BRICEÑO GUERRERO, J.M. América Latina en el Mundo. (1996) Editorial Arte, Caracas.
  • RANCIERE, El Espectador Emancipado (2010). Ellago Ediciones. Castellón, España.

 

Referencias electrónicas:

 

Sobre el autor: Manuel Vásquez-Ortega (1994) es tesista de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Los Andes y preparador de Historia de la Arquitectura. Como investigador independiente de la ciudad contemporánea y sus imaginarios ha presentado los resultados de sus búsquedas en eventos académicos y artísticos como: 20º Salón Jóvenes con FIA (2017), Trienal de Investigación FAU-UCV (2017), I Salón “Representación contemporánea de la imagen” – IV Festival Méridafoto (2016), 12º Salón Nacional de Jóvenes Artistas MACZUL (2016) y XIII Jornada de Jóvenes Críticos UCAB (2016). Articulista para el Blog de la Organización Nelson Garrido y el Archivo de Fotografía Urbana.

 

Sigue la segunda parte de: CLAP! Un paisaje idiosincrático de la complejidad y contradicción latinoamericana. 

 


Comments

3 responses to “CLAP! Un paisaje idiosincrático de la complejidad y contradicción latinoamericana (I)”

  1. Adelantándome mucho, pues entiendo que este texto es apenas una parte de próximas entregas, y si bien considero interesante el que Manuel trate de trazar un mapa de nuestra fotografía (no sé ya si sólo venezolana o también latinoamericana) a través de la revisión de CLAP!, creo que es importante hacer la diferenciación que el fotolibro es apenas una de las formas como puede ser leída una imagen fotográfica y por tanto, en cuanto unidad y objeto, tiene su propia narrativa y estructura discursiva que puede ser abordada incluso de modo diferente al trabajo original, serie o ensayo del autor, por lo que su lectura aportará sin dudas características diferentes al de la imagen exhibida en un espacio expositivo, en una plataforma digital o impresa en una prueba. El medio en el que circula la fotografía determina de modo fundamental su percepción y por tanto lo que se quiere decir con ella.
    En tal sentido creo que quizás Manuel esté haciendo una lectura de las imágenes contenidas en los fotolibros recopilados en ese “libro de libros” que es CLAP!, y no una revisión de la propia edición que sirve de pie a su texto.
    No es lo mismo hablar de una imagen “flotante” sin ataduras a espacios o contextos, que hacerlo refiriéndose al medio que lo contiene: la trasición entre una imagen y otra, su alternancia, su diagramación, los espacios en blanco, la presencia o no de textos, significan tanto como la imagen misma en un fotolibro. Generan su propio discurso.
    Intentar mapear la fotografía venezolana o latinoamericana basándonos en esta edición, sin especificidades de medio, sólo por la imagen, suscita entonces en mí la pregunta si todo lo contenido en CLAP! es fotolibro, si necesariamente toda publicación reseñada puede ser entendida como fotografía y si lo que no aparece reseñado no lo es.

  2. Manuel Vásquez-Ortega Avatar
    Manuel Vásquez-Ortega

    ¡Hola Costanza!
    Si bien del fotolibro como “invención” puede hablarse ya a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, el mismo parece encontrarse en la actualidad en un instante de renacimiento en el que su propia definición se hace indescifrable entre la serie de clasificaciones que se añaden a la tipología de origen. Así, fanzines, catálogos, libros de artista y experimentos editoriales (entre otros muchos) se conjugan en un cuerpo en evolución formal, estructural y hasta conceptual que conserva una característica base que permite mantener los nexos de “parentesco” entre ellos: la secuencialidad de un conjunto de imágenes organizadas de modo que se pueda contar una historia, personal o colectiva.
    Como bien lo dices, es solo “una de las formas como puede ser leída una imagen fotográfica”, así como mi lectura es solo una apreciación de las muchas que pudieran surgir a partir de la reflexión sobre estas imágenes, que al agruparse y dar cuerpo al fotolibro plantean una nueva forma de ver, sentir y comprenderlas.
    En palabras de Ranciere, estas brindarían al espectador la posibilidad de “componer su propio poema” al cuestionar la posición entre el mirar y el actuar, entendiendo por esto último hasta la -aparentemente- sencilla acción de pasar una página.
    Así, en estas entregas pretendo “desentrañar” una narración de esas imágenes (que aunque flotantes, no se desprenden fácilmente del fotolibro en el que se guardan), haciendo especial énfasis en la selección venezolana con el fin de entender qué ven los artistas de la imagen -no solo fotógrafos- en nuestra convulsa contemporaneidad.

  3. […] señalamos anteriormente (I) en el panorama actual de la fotografía resalta de manera notoria el fotolibro como objeto de […]

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