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Vasco Szinetar / Deconstrucción salvaje

Por Erik Del Búfalo

 

Un fotógrafo ya ha construido una imagen cuando captura una foto. Al mismo instante de exponerla en el muro de un museo o galería ya la ha visto desmontarse; la ha visto pidiendo otra forma de reproducción, otro soporte y, sobre todo, otro destino. No obstante, nunca supone que ese destino pude ser un desecho, un resto. Todo papel siempre está en peligro de ser desecho, pero en su vulnerabilidad de papel hay una fuerza que lo protege.

Cuando Vasco Szinetar desmontó finalmente las fotografías de su exposición, El ojo en vilo (2013), vio que esas imágenes se resistían a morir con el papel que las soportaba y que estaba destinado al basurero. ¿Cómo salvar a las imágenes encerradas en esos papeles condenados? Volviéndolas otra imagen. La imagen puede morir en el papel pero es inmortal en otra imagen. Así, sabía Aby Warburg, que las imágenes superviven en el tiempo que destruye todo lo que tiene materia o, dicho de otro modo, la imagen es una sustancia sin materia, que siempre nos recuerda a los espectros. Pero a diferencia de los fantasmas, la imagen no es una condena sino una salvación.   

Aunque esta salvación no sea gratuita, pues engendró salvajemente otras imágenes: las imágenes deformadas por un papel arrugado, desechado, castigado. Esta deformación es como la deformación de la materia, del cuerpo, de la carne que arrastra con ella la figura que los contiene y, precisamente, se convierten en una metáfora de la existencia, de nuestro ser para la muerte que se opone a la inmortalidad de las imágenes. ¿Habría alma sin imágenes?   

Vemos aquí retratos, modificados por la fuerza de la materialidad, convertidos en otros retratos. Pero también vemos la dignidad humana retratada más allá del documento, del papel; fotos que son como las sobrevinientes de un holocausto desconocido. Pues en el fondo, ¿cuál es el fin de todo retrato? Puede ser la mera vanidad, la simple búsqueda de la identidad, pero más allá de todo esto, lo que muestra siempre un retrato es la dignidad humana, que logra presentir del deseo de ser retratada y de las aspiraciones de toda identidad personal. Ni belleza, ni identidad, ni constancia, ni documento; es la dignidad, incluso más allá de los hombres, la contante en todo retrato.

Hay aquí resonancias con la obra de Christian Boltanski, fotógrafo y artista judío, quien exponía el rostro de desconocidos, combinando las imágenes de nazis anónimos con sus no menos anónimas víctimas o componía retratos que eran partes de otros retratos, la deconstrucción del rostro de la humanidad. Pero, incluso, hay un lugar del rostro, que sobrepasa el bien y el mal, sobrepasa incluso toda humanidad y nos lleva, como bien sabía el pensador, también judío, Emmanuel Lévinas, al infinito, a la trascendencia absoluta, al lugar donde se espera encontrar a Dios en el rostro del prójimo, creamos en Él o no.

Estamos, pues, ante deconstrucciones intuitivas, azarosas, salvajes del lugar privilegiado que ocupa el rostro en la fotografía. Reflexión imaginaria de un fotógrafo que ha encontrado en la rostridad el oficio principal, la vocación, el sacerdocio sigiloso de toda su vida.

 

Erik Del Bufalo / Caracas, junio 2018

 

 

 

 

 

 

 
 
La muestra “Deconstrucción salvaje” del fotógrafo venezolano Vasco Szinetar estará en sala hasta el 30 de junio en la galería TRESy3 ubicada en Las Mercedes, Caracas.
 

Agradecimientos a Vasco Szinetar por el texto y las imágenes.

 

 

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