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Rigurosamente Oswaldo Vigas. GBG Arts + Fundación Oswaldo Vigas

Desde el pasado 30 de abril de 2023, la primera parte de la exposición Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos está abierta al público en las salas de GBG Arts, en Caracas, Venezuela. La muestra, realizada en alianza con la Fundación Oswaldo Vigas en el marco del centenario de su nacimiento, fue curada por el diseñador Ricardo Báez, con asistencia curatorial de Manuel Vásquez Ortega; la misma recoge un importante grupo de obras del maestro venezolano, desarrollados en una multiplicidad de formatos y medios que abarcó con su amplio trabajo: la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado, la tapicería, la cerámica utilitaria, entre otras muchas formas y soportes.

Es así como el subtítulo de la exposición (La abstracción es la figuración) revela a partir de su afirmación las complejidades y contradicciones de un lenguaje contundente, oscilante entre representaciones figurativas y expresiones abstractas, construido a través de más de 50 años de taller, en el que las ideas visuales de Vigas se convierten en siluetas icónicas, claves para el momento histórico en el que se plantearon. Sin embargo, bordeando a los cuerpos de trabajo más reconocidos del artista, la muestra apuesta por profundizar en los contrastes entre décadas experimentales, épocas de refinadas líneas abstractas constructivas, hasta llegar al culmen de sus figuraciones posteriores.

Acompañando el discurso curatorial, el diseño museográfico de Báez acentúa los gestos e intenciones de un artista profundamente conectado con fuerzas viscerales y primitivas que conforman al ser humano. Progresivamente, el espacio narra el proceso y las búsquedas de un artista atento al pulso de su tiempo, abierto a las exploraciones con métodos, formas y discursos, manteniendo siempre la premisa de ser rigurosamente fiel a sí mismo.

Vista de sala. Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos. Act I: La abstracción es la figuración. Fotografía: DB Photostudio. Cortesía: GBG Arts

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Rigurosamente Oswaldo Vigas

por Manuel Vásquez Ortega

I

Todo concepto evoluciona con el paso del tiempo. Sus acepciones se cuestionan, sus entornos se transforman, y con estos, la idiosincrasia de la sociedad que los formula, los enuncia y los reproduce culturalmente. En este sentido, la acción de adjetivar en tiempo presente la amplitud de una obra como la del artista venezolano Oswaldo Vigas (1923-2014) pasa por plantear la revisión de una epistemología establecida y vastamente difundida, de cara a un discurso contemporáneo que apuesta al análisis contextual sobre la interpretación de un objeto ensimismado: un relato que deja atrás muchos de los términos y epítetos que han dado forma a un admirable cuerpo crítico en torno al trabajo de toda una vida, cuyo archivo posiciona a Vigas como uno de los artistas latinoamericanos más representativos del siglo XX. Repertorio de textos catalogados en el cual reposan los fundamentos claves que hacen de su obra un intermediario entre nuestros ayeres más remotos y nuestra actualidad más cercana.

Librados así de categorías históricas que encasillan a los productos culturales en geografías y momentos específicos del pasado, revisitar el prolífico legado de Oswaldo Vigas a 100 años de su nacimiento implica afrontar una “unidad continua que —entendiéndose como un todo— nunca se diversifica sustantivamente de las raíces y del tejido fundamental de su lenguaje”[1]. O en otras palabras, analizar el proceso creativo de un artista profundamente coherente en su evolución, cuyas transformaciones, a pesar de ser notablemente reconocibles, corresponden con un dilatado recorrido determinado por claras intenciones germinales.

Vista de sala. Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos. Act I: La abstracción es la figuración. Fotografía: DB Photostudio. Cortesía: GBG Arts.

A lo largo de este proceso, la abstracción y la figuración establecerán un diálogo oscilante y expansivo que converge en la expresividad del trazo del autor, siendo éste uno de los elementos inamovibles en todo su desarrollo. No obstante, se hace inevitable percibir la distancia existente entre la gestualidad de series como Paisajes Míticos de la década de 1960, a la reaparición sutil de figuras concretas (aún así abstractas) en los años 70, siendo aún más notoria la diferencia con las delineadas siluetas posteriores a 1980. Rupturas lingüísticas que aumentan el interés en reconocer el motivo de una ‘mutación tan radical’ que carece de propios precedentes “(…) en el vocabulario, la sintaxis, los estratos de significación, la temática, la marcada reducción cromática y la morfología”[2].

Así, tras los constantes quiebres en su lenguaje, una inauguración de nuevas estructuras de pensamiento —manifestadas a través de las estrategias de representación utilizadas por nuestro artista— nos permite coincidir con la imagen de la discontinuidad epistemológica teorizada por Michael Foucault, quien establece una pregunta muy útil en la ocasión de cavilar sobre la obra del maestro Vigas: “¿cómo es posible que el pensamiento tenga un lugar en el espacio del mundo, que tenga un origen, y que no deje, aquí y allá, de empezar siempre de nuevo?”[3].

Para intentar determinar este germen de las imágenes de Vigas y el porqué de sus discontinuidades estructurales, conocer los episodios y las pasiones del artista nos ayuda a dilucidar un panorama rico en experiencias vitales y referencias presentes en su trabajo. Sin embargo, evitando lugares comunes que nos llevan a entrelazar narrativamente la vida del artista plasmada en su obra, partiremos de una premisa del propio creador: entender la pintura como un hecho silente, que aún así, siempre está diciendo algo por sí mismo.

Vista de sala. Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos. Act I: La abstracción es la figuración. Fotografía: DB Photostudio. Cortesía: GBG Arts.

En este entendimiento dialéctico establecido al momento de enfrentarse a sus lienzos, influyen y se hacen visibles de manera ineludible aspectos estructurales de la personalidad del artista, así como lo son sus influencias y vínculos con personajes de la época, su estadía en Europa, su interés por manifestaciones ancestrales, su postura ideológica, entre otras vivencias traducidas a percepciones exteriorizables en líneas, formas y colores, a través de la combinación y la transformación de esos residuos mnemónicos en superficies pictóricas.

Cada uno de estos factores esbozan el perfil y las pulsiones de un hombre de época, cuyas preocupaciones trascienden al siglo veinte hasta situarse en problemáticas puntuales con el ahora, con términos que se sustituyen paulatinamente por conceptos “más dinámicos, abarcadores y polimórficos”[4] y que aun así corren el riesgo de perecer en el futuro. De esta manera, al intentar ir ‘más allá de lo fantástico’, la lectura de la obra de Vigas encuentra en la actualidad una de sus intenciones de mayor atemporalidad: la necesidad de hablar desde un lugar de enunciación propio.

II

Uno de los fundamentos de la presencia de la cultura latinoamericana en los debates estéticos globales contemporáneos radica en la contribución hecha por la difusión de las artes visuales y la literatura en el fulgor del siglo XX. Visibilización lograda a través de imágenes y narrativas que dan forma a un código político y simbólico formulativo, que con el paso de los años ha establecido un estereotipo de lo que Latinoamérica es y cómo se ve ante el resto del mundo. De esta manera, la invención/construcción de una percepción latinoamericanista ‘integrada’ se ha hecho a partir de la sistematización de una estética establecida. Un lenguaje que, abandonando tópicos como el realismo social y el nativismo, asume cada vez con más seguridad temas como la transculturación, la apropiación y la crítica de lenguajes occidentales impuestos por la hegemonía cultural.

Sin embargo, cavilaciones como quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo se convierten en preguntas de vigencia extendida desde los días de las vanguardias hasta una actualidad globalizada en la que ismos y manifiestos han quedado atrás. Un presente donde el concepto de Arte Latinoamericano (en mayúsculas) ha desplazado sus fronteras hasta ser comprendido como un arte ‘hecho desde’ Latinoamérica, y en el que nuevos enfoques sobre discursos reivindicativos y decoloniales figuran como intereses artísticos contemporáneos.

Vista de sala. Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos. Act I: La abstracción es la figuración. Fotografía: DB Photostudio. Cortesía: GBG Arts.

No obstante, más de cincuenta años atrás, un lúcido Vigas establecía posturas firmes sobre el mestizaje en Latinoamérica, la definitoria esencia de culturas precolombinas en nuestros territorios, los vínculos ancestrales con África y la aceptación de los mismos como parte constitutiva de nuestra existencia. Y es que para el artista, “el conflicto de nuestro mestizaje debe ser resuelto en planos personales. Sobre todo en países como Venezuela, cuyo contacto con sus raíces es negado para no dar una imagen de subdesarrollo”[5].

Plenamente consciente de su herencia cultural, Vigas utiliza el concepto de mestizaje (posteriormente sustituido por hibridación en los debates intelectuales) para hacer coexistir las formas precolombinas y africanas de sus gustos particulares con sus experiencias europeas e influencias artísticas del momento. De esta manera, las ‘preautorías’ de su bagaje conviven en un imaginario propio, sintético y novedoso en el cual se hacen presentes expresiones de autores como Tamayo, Lam, Matta y Torres García. Iconografías que, entendidas como ‘americanistas’, se relacionan con gestos extraídos de geometrías aborígenes, ornamentos indígenas y siluetas jeroglíficas observadas y analizadas por nuestro artista.

(Imagen 5)

En el desarrollo de esta unión, las estrategias de representación no obedecerán a otra cosa más que a los impulsos y decisiones del propio Vigas, pues “los lenguajes que ha utilizado pueden sobrepasar sus propios límites, siendo siempre algo más que ellos mismos”[6].

III

                  Al trascender la mera impresión de la retina, la pintura apela a emociones y significaciones, sin necesidad de ser figurativa. Aún así, la percepción de estas superficies (cuidadosamente desarrolladas por artistas como Vasili Kandinsky) pasan por los filtros personales y vivenciales de sus espectadores, convirtiéndola en una ‘amenaza de alienación subjetiva’. Estar, pues, frente a una obra de arte, representa una experiencia única y personal con la capacidad de “sugerir un mundo imaginativo o despertar un estado de ánimo en nosotros, espectadores de la obra”[7].

Plenamente consciente de estos procesos interiores, en la obra síntesis de Vigas —correspondiente a sus últimas décadas de trabajo— reposa toda preautoría, influencia y pasión del creador, sin intenciones de descubrir nuevas posibilidades en factores externos más que en los logros alcanzados por su propio legado. Así, una vez encontrado y asumido un lenguaje único y fiel a su origen, el desarrollo pictórico de Vigas obedece solo a las pasiones del autor, siempre de manera meditada, pensada como intermediaria entre un tiempo pasado y uno futuro.

Vista de sala. Oswaldo Vigas: Exhibición en 2 actos acumulativos. Act I: La abstracción es la figuración. Fotografía: DB Photostudio. Cortesía: GBG Arts.

En el vínculo entre estos intervalos temporales se desarrolla así la oscilación de formas indeterminables que consolidan la originalidad de un trazo universalmente reconocible, en el cual la continuidad sólo ocurre entre rupturas y nunca por encima de ellas; un universo organizado a través de estructuras que se autorregula por medio de un sistema propio de transformación que va más allá de figuras y abstracciones. Cambios que, tras más de 60 años de trabajo hacen “insuficientes las atribuciones de representar lo telúrico, lo arquetípico, lo latinoamericano, lo real maravilloso, lo barroco y lo pulsional instintivo”[8] al hablar de Oswaldo Vigas.

Superando así  todos estos adjetivos y epítetos arraigados a su nombre, el legado de Vigas se ubica de frente al presente para hablar desde un lenguaje perenne que trasciende a temáticas, medios de representación y tecnicismos intelectuales: un testimonio auténtico de las vivencias de un hombre de siglo para cual el tiempo no era un límite, sino un reto.


[1] SILVA, Carlos (2001): Oswaldo Vigas. Leyendas del mañana. Caracas, Ediciones Movilnet.

[2] Ídem.

[3] FOUCAULT, Michael: Las palabras y las cosas (1968). Buenos Aires, Siglo Veintiuno editores.

[4] MOSQUERA, Gerardo (1996): Beyond the Fantastic. Contemporary Art Criticism from Latin America. Londres, iniVA.

[5] RODRÍGUEZ, Bélgica (2012): Oswaldo Vigas. Caracas, Venezuela.

[6] GUEVARA, Roberto (1964): Oswaldo Vigas y sus 23 años de pintura, en: El Carabobeño.

[7] RUBERT DE VENTÓS, Xavier (1963): El arte ensimismado. Barcelona, Nexos.

[8] SILVA, Carlos (2001): Oswaldo Vigas. Leyendas del mañana. Caracas, Ediciones Movilnet.

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